Entradas

Imagen
Carta de amor con niño berreante. Había matado al crio que chillaba al menos cinco veces, en su imaginación. Era imposible concentrarse con esos gritos multiplicándose en el hall del hotel. Intentaba escribir una carta de amor, una carta de desencuentro, de nostalgia, de desamor. Los berridos ya zumbaban antes de que abriese la tapa del portátil, pero pensó que enmudecerían pronto o que la madre saldría a la calle a que le diera el fresco al enano enrabietado, hasta que se calmase. Mas el niño siguió berreando y la madre se entretenía charlando con una amiga que debía estar sorda. A pesar de todo, porfió en escribir su carta de amor: Ya ves, amada huída, que te echo de menos tanto, que estrangularía con mis propias manos a un enano sin sentir absolutamente nada, excepto tu lejanía. ¿Me dejaste tú? No, fuimos ambos. Nos dejamos porque pensamos que nuestro amor estaba agotado. Lloramos un poquito, sí; después nos dirigimos cada cual a sus asuntos, imaginando que empezaba un t...